
Desde la puerta
Había aprendido que las camas se veían distintas desde la entrada.
De cerca, casi todo podía parecer correcto.
Pero desde la puerta, la sábana caía un poco más de un lado. Una almohada estaba apenas más alta que la otra.
Y aquella arruga atravesaba el blanco justo donde primero llegaba la mirada.
No era suciedad. Tampoco era exactamente un error.
Simplemente, la cama todavía no parecía haberse quedado quieta.





