
La primera pestaña apareció junto al lavamanos.
Negra, curva, perfectamente intacta.
Había quedado pegada sobre el mármol blanco como si hubiera decidido dormir allí.
Una de las cleaners la levantó con dos dedos y la dejó caer en la bolsa.
Cuando volvió a mirar el lavamanos, durante un segundo le pareció que el espejo tenía un ojo menos.





