
La cama era lo primero que se veía desde la entrada.
Las sábanas apenas asomaban bajo una lluvia de envolturas plateadas, pequeños sobres abiertos y restos de papel brillante.
En el suelo había más. Algunos habían quedado junto a la mesa de noche. Otros descansaban debajo de una silla, como si hubieran llegado allí solos durante la madrugada.
La habitación no parecía desordenada. Parecía cansada.





